Sí supieras tú, que no he entregado cada línea, pensamiento y pasión, En mis benditos escritos. Soy, mi dulce lector, un ser insaciable, Alguien con un espíritu torrencial que juzga, perdona y entrega, Y después de allí, tal vez entonces, cree algo más. Sí, mi querido confidente. También he llorado, reído y soñado, y también me he desanimado. Soy tan mortal como tú, pero también una rareza, Un cuento de las interminables páginas de la red. Porque recito poesía, histeria, blasfemias y salmos. Canto en silencio con letras orquestales sin ni siquiera un saxofón de fondo, Pero resuena, y recrea eco en los interminables pilares del mundo, Como un coro de ángeles mudos que altera las vibraciones. Continuaré pues; ultrajando doncellas, desarrollando príncipes y anhelando la razón, Y con cada hoja que se llene y exhale más pasión en versos inextensibles Cubiertos de fervor inocente, de pasión elocuente y malicia coherente, Descargaré sus tensiones sobre los orgasmos visuales ...
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